Tónicos y esencias, ¿merecen la pena?

¡Hola! En este post te voy a hablar sobre los tónicos y las esencias como productos en la rutina facial, cómo he percibido su evolución a lo largo del tiempo, en qué punto me gustan o no y el porqué.

Este post la verdad que no tenía intención de realizarlo pero cuando hice la última entrada sobre el tónico de Tea Tree Water y del resto de entradas sobre las rutinas, me he dado cuenta que son una categoría de productos que trato sin pena ni gloria, debido a que su funcionalidad es un tanto ambigua y formulaciones bastante genéricas que no aportan nada nuevo ni necesario (aparentemente).

Ni que decir tiene que es un categoría de producto que en una rutina básica no se necesita. Aunque dependiendo de los ingredientes y composición puede ser un punto clave para combinar con los serums o aportar determinados activos a tu rutina facial en proporciones sensiblemente más reducidas.

La verdad sigo pensando que muchas empresas de cosmética o cuidado de la piel, sobre todo más generalistas y cuyos productos encuentras en cualquier tienda, lanzan al mercado tónicos (aunque incluso podríamos decir, productos en general) sin tener mucha consideración en si realmente su producto es útil o mejor dicho, si el consumidor va a percibir que su producto sea útil o le va a generar un efecto positivo en el cual, no solo valore la compra realizada positivamente sino que vuelva a repetirla, que al fin y al cabo, es de lo que se trata, de mantener ese ciclo constante de recompra.

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Probablemente este pensamiento o este posicionamiento de los tónicos, se deba a la tradición de  que la mayor parte tenían unos ingredientes bastante agresivos para la piel. Hasta hace unos años, los que podríamos encontrar eran de dos tipos principalmente, tónicos que tenían una base de alcohol o agua oxigenada (peróxido de hidrógeno) que ahora nos echaríamos las manos a la cabeza. Si bien es verdad este tipo de producto era “bueno” para las pieles grasas por el efecto que generaba a corto plazo pero a largo plazo era contraproducente.

Y luego no todos los tónicos tenían una base de alcohol, había otra parte de ellos que se centraban principalmente en eliminar restos de productos anteriores, bien fuera maquillaje o residuos que pudieran persistir del limpiador. Este tipo de tónicos todavía persisten en el mercado e incluso, alguno que otro se presenta como una especie de agua micelar, siendo un producto bastante ambiguo y el problema de esto es que su eficacia es bastante reducida.

A día de hoy todavía quedan algunos tónicos que tienen estas características pero son muy residuales. Por suerte, las investigaciones avanzan para mejorar el cuidado de la piel, también en cuanto al tipo de productos e ingredientes que utilizamos y nosotros como clientes, también tenemos acceso más fácil a esta información, que podríamos decir que es en “bruto” mejorando nuestra capacidad en la decisión de compra y, no tanto, dejarnos guiar por lo que digan las marcas o la revista de turno sobre cuáles son los mejores productos del momento en las que te sueltan el argumentario del día (cedido por la marca X para hacer: Ctrl+C y Ctrl+V).

Basándome en mi experiencia personal, después de la etapa adolescente en donde el alcohol y el agua oxigenada en la piel era el boom en casi todos los productos para mejorar el acné y la producción de sebo (mátame camión!), dejé de utilizar tónicos al uso porque tenía la sensación que no me aportaban absolutamente nada nuevo de lo que un limpiador y una crema pudiera hacer por mi, incluso aquellos que se declaraban hidratantes.

INCISO: Aunque en otro momento te hablé del Tea Tree Water y está categorizado como tónico, considera  que su base no es acuosa, que es árbol de té. Desde mi punto de vista lo considero (y lo consideraba) más como un tratamiento frente al acné o producción de sebo que no el concepto puro de tónico que te estoy comentando en este artículo.

Hasta no hace tanto, probablemente un poco más de dos años aproximadamente, no he vuelto a recuperar la esperanza de que los tónicos pudieran aportar algo. El planteamiento que tenía era el siguiente y es que si partimos de la base de que las cremas cuentan con un porcentaje oscilante entre el 60%-80% de agua y llegan a ser bastante densas, un tónico tendrá que estar rondando seguramente mínimo 90% de agua (o más y obviamente dependiendo del producto, no meteré a todos en el saco) vaya, que el tónico en términos económicos sale caro si tenemos en cuenta que estamos comprando agua desmineralizada.

El momento en el que recuperé la esperanza de que pudieran llegar a resultar realmente útiles fue cuando la cultura coreana y con su extensa rutina empezó a pisar fuerte en el mundo del cuidado facial y empezaron a cambiar las formulaciones a las que igual estábamos más acostumbrados en Europa. 

No solo estamos hablando de tónicos en este punto, sino también las esencias, que hasta que no fueron nombradas estas últimas por los coreanos, al menos en España era completamente desconocidas. Hay que tener en cuenta que la rutina coreana “pura” es bastante extensa con 10 pasos y que al menos, en todo el mundo que no era Asia, no estábamos acostumbrados a utilizar, o mejor dicho, plantearnos utilizar tantos productos para el cuidado facial y con una identidad tan “concreta”. Sin embargo, creo que esta identidad de los productos o conceptualización es bastante alejada de lo que realmente luego podemos encontrarnos en el mercado actual.

Partimos de la base que las esencias no se encuentran en el mercado de una forma accesible y que tenemos acceder a ellas a través de cualquier retailer de productos coreanos online y aún así, es un producto que no tiene mucha variedad y desde mi punto de vista, carecen de atractivo o sustitutivo de otros. Las características de una esencia que puedes encontrar en el mercado es que su formulación tiene una base, generalmente, acuosa pero la proporción es más reducida que un tónico, mayor densidad pero sin llegar a ser tanto como lo podría ser un sérum e ingredientes específicos más “exóticos”.

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¿Cuál es el punto entonces de los tónicos/esencias en la actualidad?

Pues bien, después de toda la parrafada que te acabo de contar (perdóname) empezaron para mí a tener sentido cuando formularon con una finalidad mucho más definida y que podía aportar de forma complementaria, siendo un plus, y que potenciaba otros ingredientes o la aplicación de otros productos pero sin ser sustitutivos completos de otros pasos en una rutina. 

En este caso, los tónicos que me planteo que pueden tener sentido en una rutina básicamente son los hidratantes, exfoliantes e “instrumentales”. 

Cuando tratamos de tónicos hidratantes, muchas veces podría incluso llegar a pasar por un sérum menos denso, formulado con ácido hialurónico, escualeno, glicerina, aloe… que principalmente lo que hace es preparar la piel para poder introducir o bien otro sérum más centrado en tratamiento, bien directamente utilizar la crema para mejorar el efecto de penetración a capas más profundas o directamente potenciar la hidratación de la rutina con otros activos, sin tener que depender tanto de la crema y sus ingredientes.

Por otro lado, los tónicos exfoliantes para mí son el grial y descubrimiento de la exfoliación suave pero muy efectiva en la piel. Suelen contar con ingredientes activos de BHA/AHA (que ya trataremos en otro momento) que permite que estén en concentraciones reducidas pero que no requieren aclarado y por tanto, van generando una pequeña exfoliación constante (BHA: Capas profundas; AHA: Capas superficiales) y mejoran bastante el aspecto de la piel. Esto ha sido un gran avance para las pieles sensibles porque no son tan agresivos como podría ser una peeling o una exfoliación manual. Además la mayor parte suelen tener recomendación de uso diario.

Por último, me gustaría destacarte este concepto que indico de “instrumentales”. Realmente es que no sabría cómo categorizarlo pero seguro que entiendes el concepto. Se trata del resto de tónicos que están en un punto de intermedio entre tónico-sérum. Ya no son tanto hidratantes (aunque generalmente tienen ingredientes para ello o para reducir la sensibilidad hacia el activo), sino aquellos que igual contienen vitamina C, niacinamida o incluso retinol. Vaya, un ingrediente que podría ser protagonista en un sérum pero que se encuentra en una concentración mucho más reducida, por tanto, el efecto final se obtiene de forma más paulatina pero que permite integrar otros ingredientes en tu rutina o dar más presencia a otros. Mismo caso que los exfoliantes, al no tener concentraciones tan elevadas de los ingredientes activos, son perfectos para las pieles sensibles.

Con estas tipologías, ya no es simplemente poner otra capa más de producto en la cara porque la teoría del producto dice que es bueno y ya, sino que aporta un extra a la piel, aunque bueno, ahora se está poniendo de moda el “layering” más extremo.

Ahora bien, ¿marcan el antes y el después? ¿merecen la pena?

Desde mi punto de vista, depende. Lo que está claro es que el antes y el después en un producto cuya base acuosa es tan elevada, es muy complicado que marquen una gran diferencia si no es a través de un tónico exfoliante (y con algo de paciencia) o con concentraciones más elevadas de ingrediente activo (y en este caso, ya tendríamos los sérum para estas formulaciones) o que utilicen otras bases que no sea agua (como esencias que utilizan baba de caracol).

Ahora bien, sí que es verdad que en mi caso he notado realmente mejorías en determinados momentos pero que no solo podría achacar al tónico en sí, sino a cómo el tónico y los serums funcionan de forma conjunta, sobre todo, en temas de hidratación y también en la reducción de la sensibilidad hacia determinados activos, haciendo que sean un tándem interesante y que en mi caso utilice siempre de forma conjunta. 

Aunque también te indico que hay momentos del año en que si no necesito aplicarme tónico por el tipo de activos que utilizo (igual porque la formulación del sérum es muy líquida y no quiero que se disuelva más), no busco sustitutos para ello y no me aplico este paso. De hecho, si tuviera que eliminar un paso en mi rutina, el primero que se va fuera sería el tónico.

Respecto a si merecen la pena, creo que el enfoque sería más bien ¿hasta qué precio merecen la pena? Si pienso en tónicos hidratantes, al menos mentalmente, tengo un rango de precios que superado, no compraría un producto de esta categoría por muy buenas formulaciones que tengan. Los ingredientes hidratantes son baratos y se pueden encontrar tanto en los serums o en las cremas, de hecho, los tónicos hidratantes me los voy encontrando según consumo otros productos, vaya, que tampoco necesito investigar mucho en ellos.

Donde sí creo que está bien invertir (tiempo y dinero) o investigar en las formulaciones es en los tónicos exfoliantes porque son los que funcionalmente pueden mejorar poco a poco la salud de la piel y su aspecto de una forma mucho más suave que utilizando los ingredientes en tratamientos exfoliantes como tal.

Antes de finalizar, me gustaría indicarte que yo no lo use o sea crítico con algo en este artículo no significa que sea bueno ni malo. En este espacio que es Mr. Dé no se juzga a nadie. Si disfrutas un producto o varios, una técnica que indique que me parezca que carece de sentido y a ti te gusta y te funciona, está de lujo, de hecho, comparte tu experiencia o tu opinión que será bienvenida siempre y sobre todo, gracias por leerme. 

Si te surge cualquier duda o quieres que charlemos sobre este tema u otros, siéntete libre de utilizar el apartado de comentarios ¿utilizas tónicos/esencias? ¿qué piensas sobre ellos? 

4 comentarios sobre “Tónicos y esencias, ¿merecen la pena?

    1. ¡Hola Lorena! Gracias a ti por echarle un vistazo! Pues la verdad que el tónico que me enseñas es muy interesante, tiene glicerina de los primeros ingredientes así que debe ser muy hidratante! Yo hasta hace poco no usaba tónico porque no les encontraba ninguna virtud y ahora estoy encontrando productos que ayudan bastante a tener la piel más sana y se agradece un montón!

      Muchas por comentar! Un abrazo!

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